La idea de hacer un recital de música y poesía en mi casa surgió de otro al que había ido hacía sólo tres semanas invitada por Alejandro Farías. Lo disfruté tanto como espectadora que también me dieron ganas de estar del otro lado.
Recitar los textos propios es, para mí, exponerse de una manera especial, abrirse de una forma distinta. Y este encuentro no fue sólo eso sino también abrir las puertas de mi casa. De algún modo es todo parte de lo mismo, creo que es entregarse y poder compartir con los otros ese espacio real y simbólico que ocupamos en este mundo.
La semana previa tuvo en mis ánimos picos de montaña rusa. Al principio pensaba que no vendría nadie y, de pronto, cuando alguien me confirmaba asistencia, me alegraba el día.
También pensé en armar un buffet para recaudar fondos para la publicación de mi nuevo libro, una novela breve, que si todo sigue saliendo bien, publicaré alrededor de octubre.
Me gusta cocinar así que amasé 60 pizzetas para ese día. En la semana, mi cabeza iba de la computadora al trabajo, del trabajo al almacén, del almacén a la cocina, de la cocina a invitar más gente, de ahí a seleccionar los poemas que iba a leer y así…
Era un poco de nervios, emoción, ansiedad… y esas cosas inesperadas que te sacuden cuando arriesgás algo.
El trío invitado “Con este frío trío” fue maravilloso (un trío de cello, guitarra y voz, y una percusionista invitada). La música se alternó con la lectura en la que participaron: Sonia Betancort, Alejandro Farías, Gastón Mazieres y yo. (Fuera de programa leyeron dos escritores que estaban entre el público).
Finalmente había llegado el día y yo, obviamente, estaba muy nerviosa. Vinieron muchos amigos y amigos de amigos y encontré mi casa llena de unas 50 personas, muchas de ellas desconocidas. Todo comenzó a fluir y a medida que eso pasaba, comprendía muy bien que todo esfuerzo tiene su recompensa.
Desde este rincón virtual, que también es parte de mi hogar, quiero agradecerles a todos los que vinieron, a Ale, a Sonia, a Gastón, a los chicos de Con este frío trío, a mis amigas que me ayudaron con el buffet, a ese chico que no conozco su nombre pero se acercó para regalarme su sonrisa, a los que se vinieron de lejos para abrazarme con su presencia y a los que no pudieron venir pero que tenían ganas…
Esto es un poco lo que pasó, y pasaron otras cosas también, algunas no tan lindas, pero lo que quiero compartir es esto, porque con esto es con lo que elijo quedarme. De lo de más… siempre se aprende algo, sobre todo, que lo perfecto no existe.
Hasta la próxima,
Paula







