viernes, 10 de julio de 2009

La noche en el cuenco de tus manos

te movés sobre la línea curva,
tendés a lo cíclico, a lo vicioso, a lo inmutable
pero algunas veces saltás,
estirás la curva con tu voluntad
hacia una espiral que asciende
(te liberás así del eterno retorno)
y otras veces simplemente te detenés

ahora estás inmóvil
y sólo mantenés un balanceo suave
al lado del fuego

suspendés el sueño
para contemplar la calma,
sostenés la noche
en el cuenco de tus manos,
la acunás, la besás, la acariciás

sos esa noche que se va apagando,
que te da fortaleza, que te hace mutar
y que con su opacidad logra transformarte
en tu propio sol.

6 comentarios:

HYDRO dijo...

Me agradó mucho, aunque hay palabras que por el idioma me suenan diferente.Un gusto leerte.Saludos.

Adolfo Payés dijo...

Me gusto tu poema, me quedo en silencio leyéndote..

Te dejo mis saludos con el cariño inmenso de siempre.
Un abrazo muy fuerte.

Besos

Que tengas un buen fin de semana

Loli dijo...

Muy bueno como siempre con ese algo del -¿yo autogenerador y poderoso?- que se aprecia en Whitman pero en clave "Varela" con la impronta única que veo en la mayoría de tus poemas.

besos

paula varela dijo...

Hola Hydro, gracias por tu comentario. Y sí... es un poema muy "porteño", con matices de esa parte de Argentina, donde vivo.

un beso!

paula varela dijo...

Gracias Adolfo por tus palabras y el cariño.

un abrazo para vos.

paula varela dijo...

Hola Loli!
Gracias por este lindo comentario.
Me alegra mucho que vea una impronta única en mis poemas!

Un beso grande,
Paula