Vos sabés,
hay tanta abundancia
disponible ahí afuera para nosotros,
tanta oportunidad lamiendo
nuestras manos.
Pero los tiempos, igual,
son difíciles:
el aburrimiento ahora se hospeda
en todas las esquinas,
y en casi todos los bares,
y ni siquiera embriagado es capaz
de escupir una idea interesante.
Hay tanto hastío,
tanta infección en los discursos
y en las decisiones,
tanto estornudo ensordeciendo
las pasiones puras,
las horas sutilmente sensibles,
los gestos auténticos…
Por eso, vamos,
caminemos por la orilla
de esta ciudad corrupta y desangrada,
avancemos entre el aullido de las sirenas
sin impacientarnos.
Los carteles luminosos dicen
que no se pueden esperar milagros:
los perros se suicidan
tirándose como sonámbulos del puente
y los semáforos y los periodistas
intentan detenernos
compulsivamente
con las mismas advertencias inútiles.
La vida es una fugitiva, amor,
ya sabés,
no podemos esperar ingenuamente
que ella venga a buscarnos
o que la encontremos por casualidad
en nuestra plaza favorita,
tenemos que salir hoy mismo, juntos,
a perseguirla.
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