.jpg)



.jpg)
hay una mujer en escuadra con las paredes
que no duerme
(que tiembla)
y un suelo mojado que humedece sus pies
cerca de sus ojos
las telarañas revelan
que la calle ensordecida está inclinada, errante, sucia
que por ella se derrama su miedo como una vertiente
y que sólo la vida microscópica
encierra en lo invisible
lo que está por suceder
es la mujer glaciar en la ciudad de los deshielos
en los países de una sola noche
en las cúspides derretidas
allí, la secuencia del tiempo
se prolonga sin acotaciones
y la mujer es bisagra de las puertas
soporte de las columnas
golpeadas por el aire suspendido, invariable, súbito
su arquitectura
pierde solidez cuando amanece
pero hay un lugar exacto, lúdico, inabarcable
(el centro de su cuerpo: las vísceras)
donde las dimensiones de la existencia
se multiplican, juran mudar
presagian el cambio irrevocable:
el principio de la era del agua.
Un trazo filoso bosqueja
el contorno de este día:
es blanco,
sólo permanece fuera de nosotros
nos acurrucamos en él
como si fuéramos capullos,
frutas amontonadas en las manos
o piedras acantiladas
pero somos migajas de cielo,
latidos frágiles
y astillas de tiempo
somos tierra que vuela
y tierra que se ablanda,
voces que callan afónicas
y ojos que se abren como por primera vez
el día es blanco,
sólo permanece dentro de nosotros.
es hora de apreciar las luces
que resistieron encendidas,
asomarse hacia atrás
y explorar nuestro ascenso leve, tímido, incorruptible…
¿qué es lo auténtico que permanece?
deberíamos reconocer que somos otros,
que el aire perfeccionó nuestras alas
es hora de contemplar
las puertas que no nos detuvieron,
las retiradas a tiempo
y los gestos ajenos que fueron el antídoto
contra nuestra barbarie interior
hay aquí, abrazos todavía tibios
y quimeras atrapadas que ahora son semillas,
hay un puñado de papeles rotos,
algunas intenciones inútiles
y muchas discordancias infértiles
por eso, es hora de encender la pira,
de comprender que el humo se disipa pronto
como un grito o como la furia
es tiempo de recuperarnos
de desearnos con vehemencia,
de trasplantarnos al lugar que merecemos,
de apreciar las luces, las que insisten,
las que, allá a lo lejos, nos indican por dónde seguir.
tuve que prender la luz
-encender algo en mí-
porque la mañana se llenó de noche
o de nubes,
entonces aparecieron los objetos
y las sombras
y pensé que siempre es bueno recuperar palabras
y tirar palabras
y recuperar y tirar otras cosas
quedarse por ejemplo
con una lengua que sea capaz
de encontrar su propio idioma
pensé en tirar restos de inseguridad
en el inodoro
como si ella fuera un diablito
que se instaló en las tripas
nada trascendente,
tal vez algunas ideas peligrosas
de esas que te atan las muñecas
o tratan de convencerte
de no caminar descalzo
tenía tiempo y tenía ganas
esos capitales que no cotizan en la bolsa,
y en los que poco se invierte
nada trascendente,
sólo plagiar la naturaleza:
recuperar lo vivo
de lo que ya está muerto.
afuera puede haber un arcoíris
o una tormenta de viento,
pero a mis ojos se les antoja una nube
con forma de elefante
se encaprichan con las formas,
se jactan de revelar texturas y colores
y hasta son capaces de enamorarse de un abismo
mis ojos creen que el amor
se mira con la oreja
o que para dar un abrazo, basta la nariz
pero ya no quiero sus espejismos etéreos
ni sus desvaríos camaleónicos
ni su ambigüedad turbia y oscura
por eso los arranco de sus cuencos
con una cucharita de té,
los hago rodar por la pendiente
hasta que desaparecen por alguna hendidura
prefiero andar ciega de esos ojos engañosos,
tocar algo real con mis propias manos,
dejarme guiar por los olores instintivos
y embriagarme hasta la madrugada
con una saliva auténtica.
(este es un poema que escribí hace unos años y hoy vino a mi recuerdo)
I
dejo los anillos / las sombras
las exactitudes turquesas
aquí
al pie del precipicio
donde los pétalos caen como nevisca
donde los murmullos
son el eco que no regresa a su punto de partida
me quito la ropa y los compases
el pensamiento turbio
y las olas del vientre / la espuma /
dejo todo sobre esta línea incompleta
II
camino los dos pasos
hacia el silencio escondido
donde se tocan sólo las aristas sensibles
donde el susurro de la mente se hace impalpable
/ el quicio ineludible
donde no importa que el futuro esté fuera de foco /
III
en este valle de huesos inmóviles
mudo las horas rotas /
la sangre /
el perfume de los espacios que no ocupé /
abandono
las pretensiones que nunca serán
las tijeras / mi cartografía personal / la lumbre
entonces
mínima / vacía / frugal
sin el menor rastro de artificio
levanto los párpados
y miro / me miro a los ojos.

llega a tu orilla la marea nocturna
y arrastra con ella los restos de ese día largo
que fue tu vida hasta hoy
queda la arena casi sin huellas
tu playa alisada,
tu cuerpo con sal
la piel te arde en las heridas más nuevas
y de las antiguas
ya ni ves cicatrices
es temprano,
siempre es temprano después de la marea nocturna
porque ahora amanecés otra vez en vos
en eso que permanece y te erige,
en eso que revela
tu ser vacilante, atrevido, inseguro, resuelto:
rastros de las atracciones que te alimentan,
marcas de tu imperfección,
tu sagrada y oportuna imperfección.
Gracias a la revista española Cthulhu (Comics y relatos de ficción oscura) por publicar nuestra historieta El abrazo.
es cierto que da igual
que sea o no retórica,
la tristeza no se disuelve en la palabra
ella despierta en mi cuerpo
mostrándome los huecos, las hendiduras, los vacíos
intento reconciliarme con la ausencia
dejar que le llegue su primavera,
levantar la tapa del conjuro que esconde
(intento confiar un poco en mí)
pero a veces no puedo,
a veces la angustia
me espera en una esquina
el domingo al mediodía
aunque haya sol
e incluso
aunque vea los árboles
cada vez más verdes.
te aseguro que
estoy cansada y no sé quien soy
otra vez una extraña
se adueñó de mis piernas
y estoy triste,
rodeada de sombras y túneles opacos
¡buenos días!
soy también esta mujer oscura:
aturdida, espinosa, eléctrica
(no te acerques)
soy la que escupe demonios,
la que se deshace de sus entrañas,
la que grita y sacude su cuerpo
con un ritmo epiléptico
la de boca dulce y alarido agrio,
soy (te recuerdo) un ser en eterna construcción
con ventanas que nunca terminan de cerrar
y por las que se empecina en filtrar el invierno
algo de escorpión hay en mí
que se entretiene alimentando mi soledad,
pone silencio en mis oídos
y me impide oírte,
coloca un velo en mis ojos
y hoy no me deja verte.
el aire caliente
recorre sinuoso las bahías del cuerpo,
cae una noche
en un muelle de piel negra
la zamba de los reflejos sin doble
es una noche cualquiera,
una noche única,
una noche diseñada,
pero no es solamente una noche
es una noche primera
y una noche última,
una noche anaranjada,
sin tiempo, hilvanada a mi vestido
es una pizca de noche:
un puñado de estrellas
y cenizas como nieve
y el agua del mar como música
y son tus ojos
los que ruedan hacia mi pendiente
debajo de la espuma de las olas
haciendo las horas más lentas
más efímeras, más frágiles, más fugitivas
como el humo de esta noche oportuna
que también se apaga y se desvanece.
te movés sobre la línea curva,
tendés a lo cíclico, a lo vicioso, a lo inmutable
pero algunas veces saltás,
estirás la curva con tu voluntad
hacia una espiral que asciende
(te liberás así del eterno retorno)
y otras veces simplemente te detenés
y sólo mantenés un balanceo suave
al lado del fuego
suspendés el sueño
para contemplar la calma,
sostenés la noche
en el cuenco de tus manos,
la acunás, la besás, la acariciás
sos esa noche que se va apagando,
que te da fortaleza, que te hace mutar
y que con su opacidad logra transformarte
en tu propio sol.
al borde del ocaso
tu brillo escurridizo
susurra con el viento
abrís las mil puertas,
las ventanas de Moebius,
abrís tu boca que todo lo esculpe,
tus piernas
es el sol que se abre
y restaura tus gritos sombríos
en un silencio diáfano
justo ahí donde muere la noche,
en esa curva donde los finales
hacen el amor con los principios
ahí donde el ruido diminuto
evidencia la vida,
y donde, también, algo tiene que morir
y muere.

